Voy a decirlo sin rodeos, porque me habría gustado que alguien me lo dijera antes de ir: el bosque de bambú de Arashiyama me decepcionó.
No es un titular buscando la contraria. Es que hay una distancia grande entre lo que prometen las fotos y lo que te encuentras, y saberlo de antemano cambia por completo cómo lo planificas y cuánto lo disfrutas.
Aquí va qué falla exactamente, la única forma de salvarlo, y lo que hay al lado que sí me pareció espectacular y casi nadie visita.
La respuesta corta
Sí, está sobrevalorado. Pero no lo elimines del plan: ve antes de las nueve de la mañana, dedícale veinte minutos y guarda el tiempo bueno para los templos del norte de la zona, que son mucho mejores y no tienen a nadie.
Qué es, y por qué suena tan bien
Es un sendero que atraviesa una arboleda de bambú con cañas de veinte metros que se cierran sobre tu cabeza formando un túnel verde. Sobre el papel es magnífico, y tiene un detalle precioso: el sonido del viento entre el bambú está catalogado oficialmente por el gobierno japonés como uno de los cien paisajes sonoros que hay que preservar del país.
Con esa carta de presentación, y con las fotos que circulan, es normal llegar con las expectativas por las nubes.
Los tres motivos por los que decepciona
Es más corto de lo que parece. El tramo bueno, el que sale en las fotos, se camina en muy pocos minutos. No es un bosque en el que adentrarse: es un pasillo.
Es más estrecho de lo que parece. Las fotos se hacen con la cámara pegada al suelo apuntando hacia arriba, y eso agranda todo. En persona es un camino angosto con una valla a los lados.
Y sobre todo: la gente. Esta es la razón principal. A partir de media mañana es una marea humana en fila, con decenas de personas parándose a hacerse fotos, y la magia se evapora por completo. Es literalmente imposible tener la sensación de recogimiento que promete la imagen.
Ese famoso paisaje sonoro protegido, por cierto, es un chiste cruel a esas horas: no vas a oír el viento entre el bambú, vas a oír conversaciones.
La única forma de que funcione: la hora
Y aquí está la parte útil, porque el sitio tiene arreglo: ve antes de las nueve de la mañana.
Yo estuve sobre las ocho y media y se camina casi solo. A las diez ya es la marea que te describía. No hay término medio ni truco alternativo: es esa hora o nada. Ese es el motivo real por el que este día del itinerario se madruga.
Con veinte minutos a esa hora ya lo has visto entero y con la sensación buena. No le dediques más.
Lo que sí merece la pena en Arashiyama
Y ahora la parte que casi nadie te cuenta, y que es la que de verdad justifica cruzar al oeste de Kioto: lo mejor de Arashiyama está fuera del bambú.
Tres sitios me gustaron más que el propio bosque:
- Ōkōchi Sansō. La villa que se construyó en lo alto de la colina una estrella del cine mudo japonés de samuráis. Tiene jardines, casas de té y las mejores vistas de toda la zona, con Kioto al fondo. La entrada incluye un té matcha con un dulce. Cuesta un poco más que el resto de sitios y precisamente por eso está vacía. Es la joya de la zona.
- Gio-ji. Una cabaña con techo de paja en medio de una alfombra de musgo de un verde irreal. Es pequeño, se ve en veinte minutos, y es donde recuperé la tranquilidad que había ido a buscar al bambú y no encontré.
- Jōjakkō-ji. Un templo que trepa por la ladera entre arces, con escaleras y vistas. Está subiendo hacia el norte, en la misma dirección que el anterior.
Los tres están en el norte de la zona, a un paseo del bambú, y ahí ya no llega prácticamente nadie. Es donde Arashiyama vuelve a ser lo que la gente cree que va a encontrar.
Además, de camino tienes Tenryū-ji, el templo zen más importante del oeste de Kioto, Patrimonio de la Humanidad, cuyo jardín del siglo XIV está intacto y usa las montañas del fondo como parte del diseño. Su salida trasera, por cierto, te deja directamente en el bambú.
Arashiyama en corto: a qué dedicarle el tiempo
| Sitio | Cuánto darle | Merece la pena |
|---|---|---|
| Bosque de bambú | 20 min, antes de las 9:00 | Sí, pero como parada corta |
| Tenryū-ji | 1 h | Sí: jardín del s. XIV intacto |
| Ōkōchi Sansō | 1 h | Lo mejor de la zona, y vacío |
| Gio-ji | 20 min | Sí: la alfombra de musgo |
| Jōjakkō-ji | 30 min | Sí, si subes al norte |
| Puente Togetsukyō | 15 min | De paso, es la postal |
Cómo montaría yo la mañana
Si me haces caso en el orden, la jornada te sale redonda:
- 08:30 — El bambú, veinte minutos, casi solo. Foto hecha y expectativa cumplida.
- 09:00 — Tenryū-ji y su jardín, con calma.
- 10:30 — Ōkōchi Sansō, subiendo la colina, con el matcha incluido y las vistas.
- 12:00 — Gio-ji y Jōjakkō-ji, en el norte, ya sin nadie.
Fíjate en que el bambú, que es lo que da nombre a la zona, ocupa el 5% de la mañana. Ese es exactamente el reparto que yo recomiendo.
Entonces, ¿voy o no voy?
Ve a Arashiyama, sin duda. Es una de las zonas más bonitas de Kioto y da para una mañana completa y muy buena.
Pero ve por los templos, no por el bambú. Si aterrizas allí pensando que el bosque va a ser el momento del viaje, vas a salir con la sensación de que te han vendido algo. Si aterrizas sabiendo que el bambú es una parada corta de veinte minutos a primera hora y que lo bueno viene después, vas a disfrutar de la mañana entera.
El resto de la zona, y cómo encaja en el reparto de días, está en la guía completa de Kioto.
Es de esos casos en los que ajustar la expectativa vale más que cualquier consejo de horario. Aunque el de la hora, en este caso, también te lo doy: antes de las nueve.