Casi todo el mundo visita Miyajima igual: excursión de día desde Hiroshima, foto del torii, y de vuelta a la ciudad a dormir. Es lo que recomiendan la mayoría de itinerarios, y es lo que yo estuve a punto de hacer.
Cambié de idea y dormí en la isla. Fue la mejor decisión logística de todo el viaje a Japón, y no es una frase hecha: es que ninguna otra me cambió tanto la experiencia por tan poco esfuerzo.
Te explico exactamente qué ganas, qué te cuesta y en qué casos yo no lo haría.
La respuesta corta
Sí, merece la pena, y con diferencia. Y lo más importante: no te cuesta un día extra. Solo cambia dónde pones la cabeza esa noche.
Vas a Hiroshima igual, ves la ciudad igual, cruzas a la isla por la tarde igual. Lo único que cambia es que no coges el último ferry de vuelta.
Dormir allí o ir de día, en corto
| Dormir en la isla | Excursión de día | |
|---|---|---|
| El torii iluminado | Sí | No: te vas antes |
| La isla vacía | Sí, en cuanto salen los ferris | No |
| Versiones del torii que ves | Las tres (a pie, flotando de noche y de día) | La que te toque |
| Los ciervos de noche | Sí | No |
| El santuario sin gente | Sí, a primera hora | No |
| Días extra que cuesta | Ninguno | — |
| Precio | Más caro | Más barato |
| Flexibilidad | Atado a los ferris | Total |
Lo que ganas, y que la excursión de día no te da
1. La isla se vacía por completo
Este es el argumento principal y es contundente. Miyajima recibe muchísimos visitantes, pero son casi todos excursionistas de día. Cuando salen los últimos ferris, la isla se queda con los huéspedes de los alojamientos y poco más.
Las mismas calles que por la tarde compartías con cientos de personas están completamente desiertas tres horas después. Y eso es algo que la inmensa mayoría de la gente que dice haber estado en Miyajima no ha visto jamás.
2. El torii iluminado
El Gran Torii se ilumina por la noche, y también el santuario, cuyos pilares y pasarelas parecen levitar sobre el agua negra.
Pero lo que lo convierte en otra cosa es la combinación: el torii iluminado y nadie alrededor. Es de las cosas más bonitas y silenciosas que he visto en Japón, y funciona precisamente porque no hay nadie con quien compartirla.
3. Puedes jugar con las mareas
Y esta es la razón que casi nadie tiene en cuenta al planificar, y para mí la más interesante.
El torii flota con la marea alta y puedes caminar hasta él por la arena con la marea baja. Son dos experiencias completamente distintas del mismo sitio. Yendo de día, te toca la que te toque: la que caiga en tu franja horaria.
Durmiendo allí caben las dos. Yo caminé por la arena hasta ponerme debajo del torii por la tarde, y volví por la noche a verlo flotando sobre esa misma arena que había pisado tres horas antes. Ver las dos versiones fue lo que me hizo entender de verdad cómo funciona la isla.
Al día siguiente, con la marea alta otra vez, lo vi flotando a plena luz. Tres versiones en menos de veinticuatro horas.
4. Los ciervos de noche
Un extra que no esperaba. Hay ciervos en libertad por toda la isla, y de noche deambulan por las calles vacías. Cruzarte con ellos a oscuras, sin nadie más alrededor, fue una de las imágenes más raras y personales de todo el viaje.
5. La noche de ryokan
Si aprovechas para alojarte en un ryokan, el alojamiento tradicional japonés, te llevas otra cosa distinta: tatami, futón en el suelo, yukata y comida tradicional.
Fue de las experiencias que más se acercaron al Japón que imaginaba antes de ir, y encaja perfectamente aquí, en una isla sagrada y sin coches, mucho mejor que en una ciudad grande.
6. Empiezas el día siguiente sin nadie
Ventaja secundaria pero real: el santuario abre muy temprano, así que puedes recorrerlo casi vacío antes de que lleguen los primeros ferris. Dos horas después está lleno.
Lo que te cuesta
Para que la decisión sea honesta, la otra columna:
- Es más caro. Los alojamientos de la isla, y sobre todo los ryokan, cuestan más que un hotel de Hiroshima. Es el precio real de esto.
- Hay menos donde elegir. La isla es pequeña y las plazas son limitadas: reserva con bastante antelación, más que en cualquier otra parada de la ruta.
- Te ata a los horarios del ferry. Si te apetecía cenar en Hiroshima o salir por la noche allí, esto lo descarta.
- Cargas con la maleta al ferry. Menor, pero cuéntalo: yo dejé la maleta en las taquillas de la estación de Hiroshima durante el día y la recogí de camino.
- Puede que cenes a hora fija. Muchos ryokan sirven cena tradicional entre las seis y las siete y media. Compruébalo antes de reservar, porque condiciona la noche entera. Si la incluye, la jugada es cenar pronto y salir después al torii.
Para quién no lo haría
Con todo lo anterior, hay casos en los que yo no lo recomendaría:
- Si vas muy justo de presupuesto. La diferencia de precio es real, y hay muchos sitios donde ese dinero rinde más.
- Si Hiroshima te interesa mucho más que la isla y quieres su vida nocturna y sus restaurantes.
- Si viajas con equipaje grande y sin ganas de moverlo, aunque las taquillas lo resuelven casi del todo.
- Si solo tienes un día para toda la zona y tienes que salir pronto al día siguiente: en ese caso no llegas a aprovechar la noche ni la mañana, que es justo lo que pagas.
Fuera de esos casos, no le veo pega.
Cómo hacerlo bien
Si te decides, tres cosas que marcan la diferencia:
- Mira la tabla de mareas de tus fechas antes de decidir a qué hora sales de Hiroshima. Es pública y fácil de encontrar. Todo el día se organiza alrededor de eso, no al revés.
- Reserva pronto, sobre todo si quieres ryokan.
- Confirma si la cena está incluida y a qué hora.
Mi veredicto
Si tu ruta por Japón pasa por Hiroshima, esta es la noche que yo dejaría fija de todo el viaje, incluso antes que cualquier otra decisión de alojamiento.
Tienes el día completo, con Hiroshima por la mañana y el detalle de la isla, en la guía de Hiroshima y Miyajima; y si estás cuadrando las noches de la ruta, en cuántos días necesitas y en el itinerario de 14 días.
Pero el resumen es este: convierte un icono muy fotografiado, que de día se despacha en dos horas, en una de las experiencias más personales que te vas a traer. Y lo hace sin robarte un solo día del viaje.